Participaciones Preferentes y Deuda Subordinada… y ahora qué?

25 03 2012

Sin duda estos son dos tipos de instrumento financiero muy en boga últimamente. Las referencias a ellos y a las personas que han invertido son continuas en la prensa por la situación que se ha provocado. Actualmente se estima que hay unos 30.000 millones de Euros en toda España invertidos en este tipo de productos, según la CNMV. Muchos de estos inversores se sienten defraudados o estafados directamente por las entidades que emitieron y comercializaron estos productos, o simplemente los comercializaron.

Esta tipología de producto es lo que podríamos llamar compleja, por lo que el inversor adecuado para colocarlo hubiera sido un inversor profesional, semiprofesional o institucional, pero paradojas de la vida, ninguno de estos perfiles tiene productos de este tipo en sus carteras. Los mismos bancos y entidades financieras que vendieron estos productos loando sus ventajas y atractivas rentabilidades, no adquirieron los mismos para sus fondos de inversión ni los colocaron entre grandes inversores. Este producto se hizo a medida para el inversor minorista aprovechando en muchos casos la poca cultura financiera o la simple ignorancia en algunos casos sobretodo al inicio de la vida de estos productos, allá por el final de la década de los 90.

ESTRUCTURA.

Para empezar, vamos a describir algunas de las principales características de estos productos. Primero hay que decir muy claro que el no es cierto que sean productos sin riesgo, más bien al contrario.

1. Riesgo. Todos estos productos llevan un riesgo implícito inherente a su misma estructura por un hecho claro: son productos perpetuos, es decir sin vencimiento. En ningún momento el emisor asume el compromiso de amortizarlos y devolver el nominal invertido, por tanto el inversor tiene que acudir a un mercado secundario para hacer líquidos estos títulos en el momento que quiere recuperar su inversión. En ese momento, deberá coger el precio de mercado para hacer la operación, tanto si está por encima o por debajo del nominal.

2. Rendimientos. A pesar de tener un cupón muy atractivo la mayoría de ellos que actúa como gancho para atraer a posibles inversores, a diferencia de productos de Renta Fija estos cupones están sujetos a ciertas condiciones, como por ejemplo que la entidad tenga beneficios. Esto añade una factor de discreccionalidad un poco inquietante en la generación de beneficios y plusvalías del producto en sí, algo que lamentablemente algunos propietarios de Preferentes de entidades bancarias están comprobando últimamente.

3. Riesgo de emisor. Otra de las cosas curiosas, sino la más destacable es la organización societaria a la que recurren las entidades emisoras para crear estos productos. De forma contraria a lo que la gente cree, no estaban adquiriendo estos productos a la entidad financiera de turno. Estas entidades no son los emisores de la mayoría de Preferentes. Si observamos con detalle los datos de estas emisiones siempre están creadas por una empresa filial o perteneneciente al holding, pero nunca por la casa matriz. Esto puede tener varias implicaciones:

– Nivel financiero: La inmensa mayoría de estas sociedades están radicadas en paraísos fiscales como las Islas Caimán, evidentemente por un tema fiscal. Parece que este hecho no ha incomodado durante años a las entidades reguladores.

– Nivel de inversor: De cara a establecer una posible reclamación contra el emisor, no sé hasta que punto puede ser de aplicación la legislación española, dado que se trata de entidades off-shore sin ninguna actividad en el país. Estas entidades emiten los productos, y las entidades bancarias españolas los comercializan.

Esta estructura societaria añade más complejidad a los productos de los que ya tienen.

OPERATIVA.

Ahora vamos a analizar aqui, la manera que se han servido las entidades financieras para colocar estos productos. Por todo lo que hemos detallado, es evidente que estos activos deberían haberse vendido a inversores de cierto nivel que pudieran alcanzar a comprender todas las características del mismo. Ya hemos dicho que lo que sucedió fué exactamente lo contrario (porqué será?) ninguno de estos inversores ideales adquirió estos productos.

De forma contraria y en la mayoría de ocasiones, estos productos se vendieron alegando una fuerte similitud con los plazos fijos o los depósitos, y evitando así tener que describir y que los clientes comprendieran la alta complejidad de los mismos. Es evidente que en este punto se abusó de la confianza de muchos de los clientes respecto a la entidad bancaria. Se destacaba el alto tipo de remuneración minorizando los otros aspectos. Naturalmente las entidades habían pensado en todo, de manera que al no cotizar estas emisiones en mercado secundario alguno, en caso de que el propietario deseara amortizar la inversión la entidad “gentilmente” se ofrecía a buscar un comprador dentro de su red comercial, realizándose la transacción a un precio de 100, es decir igual al nominal. (Dado que no había cotización de mercado, el comercializador marcaba su valor).

Esta práctica no es reciente, se está realizando desde el inicio de la creación de estos productos. Qué ha pasado entonces para que el problema de las Preferentes y Subordinadas aparezca ahora? Pues muy sencillo: A finales del 2011 la CNMV cortó estas prácticas de raíz. El regulador afirmó que no se podía permitir que una entidad financiera colocara un producto a un inversor por encima de su valor (hay que recordar que el comprador de la Preferente en mercado secundario siempre abonaba el 100% del nominal). Así que para saber el valor de estos productos, obligó a que estos cotizaran en mercado organizado. La libre fluctuación del precio marcaría el precio de la transacción.

Y aquí empezaron los problemas, porque entonces se vió que los compradores de estos productos no estaban dispuestos a pagar la totalidad del nominal para adquirirlos en mercado organizado. Ellos tenían en cuenta los altos inconvenientes comentados (perpetuidad, riesgo)… Las alarmas empezaron a dispararse y los primeros inversores que vieron reducidos su capital invertido empezaron a protestar al sentirse engañados.

Dentro de esta problemática, algunas entidades han optado por buscar una selección “elegante” de cara a los afectados. Elegante pero que no perjudicara en absoluto sus cuentas, osea que en la práctica no han asumido ninguna culpa ni responsabilidad por estas prácticas.  La razón de estos movimientos también es otra, y es que la legislación a nivel nacional y europeo ha cambiado debido a esta profunda crisis que padecemos y estas inversiones que antes podían ser consideradas como capital propio entrando en los cálculos de solvencia de las entidades, ahora han quedado fuera en algunos casos.

Lo que ha sucedido es que ha habido una propuesta, auspiciada y apoyada por la CNMV, de substituir estos productos por productos menos complejos. La verdad es otra, dado que a los clientes no se les devuelve el dinero sino que se les da a cambio otros productos con una duración determinada y por tanto que al final amortizarán por el total de su nominal, pero eso sí, a 10 años en algunos casos. De esta manera, la entidad no tiene que devolver ese capital que ahora si, vuelve a formar parte de los fondos propios de esa entidad dado que estas nuevas emisiones si entran dentro de los nuevos ratios de solvencia.

El resultado es que el inversor no recupera su capital. Puede hacerlo si cree necesario acudiendo al mercado secundario y aceptando el precio de mercado actual, muy por debajo de su valor nominal. La alternativa es aceptar el canje por estos nuevos productos (vinculados a la entidad: acciones, bonos convertibles…) y aceptar el riesgo de pérdida de valor de los mismos.

La conclusión es que ninguna de estas entidades de forma colectiva ha aceptado ninguna responsabilidad por sus prácticas comerciales, y lo que se han cursado son reclamaciones individuales. Este tipo de sanciones debería llevarlas a cabo la entidad reguladora, la CNMV, pero ni se la ha visto, ni se la espera. Yo creo que una de las preguntas que hay que hacer es: Dónde estaba la CNMV durante todos estos años en los que estas entidades se han servido de ese mercado paralelo de Preferentes para hacer que estos productos cambiaran de manos sin ningún control? Porqué no intervino desde el primer día? Porqué ahora no sanciona?

CONCLUSIONES.

Con toda esta información podemos llegar a sacar algunas conclusiones y establecer algunas reglas para que esta situación no se vuelva a dar, y es que a la hora de invertir debemos tener muy claro que:

1. Jamás comprar ningún producto que no entendamos. Si la persona que nos lo quiere vender o colocar no es capaz de que lo entendamos, es que es demasiado complicado para nosotros.

2. Observar siempre el emisor del producto. El producto ha adquirir deberá ser siempre emitido por una entidad de nuestro propio ámbito o en su caso, de una zona o país convenientemente regulada de forma clara y transparente. Intentar evitar estructuras financieras opacas o radicadas en paraísos fiscales y países de legislación financiera laxa o dudosa. En caso de duda, preguntar sin miedo y que nos aclaren el porqué para comercializar el producto se hace de esta forma. Sino lo entendemos, descartarlo.

3. No confundir: el banco no es nuestro asesor, él vive de lo que nos cobra. En este país se ha equiparado el personal del banco que nos atiende a la categoría de amistad o casi de familía en algunos casos. Los empleados bancarios reciben indicaciones o directrices sobre los productos que hay que vender en cada momento, y aquí no entran otros parámetros que la rentabilidad y el margen. Cómo entidad que quiere hacer negocio, el banco siempre intentará vendernos lo que más le interese y eso en demasiadas ocasiones no es precisamente la inversión más apropiada para nosotros. Si queremos asesoría financiera independiente, el banco no es el lugar adecuado. Para eso existen otras entidades que deberían ser más conocidas y utilizadas, las EAFI.

4. Intentemos siempre remunerar el trabajo del que trabaja con nuestro dinero a través de resultados, no de comisiones. Eso no quiere decir que tengamos que dejar de trabajar con los bancos, pues son necesarios. Lo que si está claro es que no tenemos porqué depositar el dinero en una sola entidad ni contratar todos los productos de nuestra cartera a través de la misma. Busquemos la especialización y recompensemos a quién nos hace ganar más dinero. Remunerar resultados, no gestión, ese tiene que ser el lema.

5. Olvidarse de regalos y promociones. Si quieres una vajilla, un I-Pad o un juego de toallas comprátelo, pero no creas en los regalos porque siempre los acabas pagando y demasiadas veces a precio de oro. La máxima debe ser: Nunca te quedes con productos que te ofrezcan desde el banco. Lo que ellos quieren vender es lo que a ti no te beneficia por una razón muy simple: su negocio eres tú y el rendimiento que consiguen por tu dinero, es decir la diferencia entre lo que tiene que remunerar el hecho de que lo deposites en su caja fuerte y lo que pueden conseguir que produzca ese dinero moviéndolo. Nadie que cree un proveedor o un cliente le va a regalar nada, Porqué este caso tiene que ser diferente?

6. Buscar siempre productos adecuados al horizonte temporal de inversión. Todo producto financiero tiene una serie de características que lo definen y una de las principales es la temporalidad. Debemos buscar productos que tengan una alta probabilidad de producir pluvalías en el plazo durante el cual nosotros queramos mantener la inversión. Que lo hagan antes o después puede llegar a ser inútil, por tanto es importante fijarse en ese aspecto.

7. Invertir siempre en productos con una alta liquidez. Eso nos permitirá en la mayoría de casos recuperar la inversión de forma prematura sin muchos problemas, dependiendo del precio de mercado en ese momento. Es evidente por tanto que por este mismo motivo y por intentar garantizar la transparencia en los precios, debemos coger siempre productos que cotizen en mercados organizados o en entidades con contrapartidas solventes.

8. Diversificación de las inversiones en todos los aspectos. Es importante diversificar nuestras inversiones de cara a minimizar posibles riesgos de mercado. Esto debe incluir diversos aspectos: diversificación en el activo, el tipo de inversión, el plazo, el emisor, el depositario… Sólo así protegeremos nuestro patrimonio  de un desastre absoluto.

9. Tener siempre un plan de inversión. Tanto general para nuestra cartera, como para cada inversión en particular (ponderación respecto al total, plazos, rentabilidad esperada, pérdidas asumibles…)

Siguiendo estos claros consejos, otro episodio como éste no se producirá y si sucede porque los demás siguen cayendo en los mismos errores, al menos no nos afectará a nosotros. Muchas veces la economía y los mercados financieros son más simples de lo que parecen, y quién lo hace complicado alguna razón tiene… Siguiendo estas sencillas reglas, tendremos nuestro patrimonio un poco más a salvo de posibles sustos


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One response

25 03 2012
Albert Salvany Rebled

Si tenéis cualquier comentario, sugerencia o pregunta sobre este tema, estaré encantado de responder

Saludos

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